La restauración forestal es una de las herramientas más poderosas que tenemos para proteger la vida silvestre. Cuando los bosques se recuperan, proporcionan alimento, refugio y corredores seguros para animales que alguna vez desaparecieron de la región. En Proyecto Tití, celebramos cada árbol plantado y cada corredor forestal reconectado, porque cada uno devuelve la vida al bosque seco tropical. Y cuando los bosques regresan, sucede algo extraordinario: la vida silvestre también regresa.

En la región de los Montes de María, los esfuerzos de restauración y conectividad están ayudando a reconstruir ecosistemas que estuvieron fragmentados durante décadas. A medida que estos bosques se regeneran, vuelven a sostener poblaciones saludables de especies nativas, desde pequeños mamíferos y aves hasta animales más grandes que desempeñan un papel fundamental en el equilibrio del ecosistema.

Una de las señales más importantes de la recuperación ecológica es el regreso de grandes depredadores, como el puma. Estos animales son esenciales para la salud de los bosques, ya que regulan las poblaciones de presas y ayudan a mantener la estabilidad ecológica. Su presencia es una señal de que la naturaleza está sanando. Pero su retorno también trae nuevos desafíos, especialmente para las familias rurales que viven y trabajan en los límites del bosque.

 

 

 Puma captado por camara trampa en la Reserva Los Titíes de San Juan

 

Un desafío en el límite del bosque

Durante el último año, las comunidades reportaron un aumento en los ataques a animales domésticos, incluyendo aves de corral, perros e incluso ganado de mayor tamaño, como mulas. Para muchas familias campesinas, estos animales representan no solo estabilidad económica, sino también supervivencia diaria. Cuando un depredador ataca al ganado, la pérdida puede ser devastadora.

Históricamente, cuando las personas se sienten desprotegidas o no saben cómo actuar, la represalia puede parecer la única opción. Lamentablemente, esto genera un ciclo peligroso: los depredadores son asesinados, los ecosistemas se debilitan y el conflicto continúa. En lugar de aceptar esto como algo inevitable, Proyecto Tití y sus aliados locales adoptaron un enfoque diferente, basado en la colaboración, la ciencia y soluciones prácticas.

 

Tecnología y creatividad: un nuevo camino hacia adelante

La buena noticia es que el conflicto no es permanente. Con las herramientas adecuadas, los depredadores pueden ser disuadidos sin hacerles daño, y el ganado puede ser protegido de forma asequible, eficaz y sostenible. A través de una iniciativa piloto, trabajamos con familias locales para implementar estrategias innovadoras de disuasión en fincas ubicadas en zonas de alto conflicto. Estas incluyeron:

 

    1. Cercas eléctricas alimentadas por energía solar, diseñadas para ahuyentar depredadores sin causarles daño, 

    2. Fortalecimiento de las fuentes de agua, disminuyendo la competencia entre el ganado y la fauna silvestre

 

    

   3. Reflectores LED de alta potencia, capaces de iluminar áreas abiertas hasta un kilómetro

 

    

   4. Corrales nocturnos reforzados, que brindan refugio seguro a aves y animales vulnerables

 

    
   
5. Mejora en el diseño de potreros, reduciendo el acceso desde los bordes del bosque

Esta combinación de medidas ha resultado especialmente prometedora porque se centra en la prevención: evita que los depredadores aprovechen “oportunidades fáciles” y ayuda a los productores a sentirse seguros y preparados.

 

La educación construye soluciones a largo plazo

La tecnología por sí sola no es suficiente. La verdadera coexistencia depende del conocimiento, la confianza y el liderazgo comunitario. Por eso, la educación se convirtió en un eje central del programa. Proyecto Tití apoyó siete talleres participativos en comunidades rurales, los cuales ayudaron a las familias a comprender mejor la biología y el comportamiento de felinos nativos como el puma, el ocelote y el yaguarundí.

 

 

 Taller impartido en la vereda Brasilar

De manera conjunta, exploramos estrategias prácticas para reducir el riesgo de depredación, como mantener el ganado cerca de las viviendas durante la noche, reforzar los corrales y mejorar el manejo de los hatos. También fortalecimos las redes comunitarias para que los vecinos compartieran información, monitorearan la actividad de los depredadores y respondieran de forma preventiva.

 

La ciencia al servicio de la coexistencia

Desde el inicio, supimos que las soluciones duraderas debían estar basadas en la ciencia. Por eso, además del trabajo en fincas y comunidades, comenzamos a escuchar atentamente al propio paisaje.

Mediante herramientas de mapeo espacial, identificamos las zonas donde el ganado y la fauna silvestre se superponen con mayor frecuencia: esos bordes sensibles donde se encuentran el bosque y la agricultura. Las cámaras trampa, ubicadas discretamente en senderos y corredores forestales, revelaron qué especies se desplazaban realmente por estos hábitats en recuperación. Al mismo tiempo, las conversaciones con los ganaderos nos permitieron comprender no sólo dónde ocurría el conflicto, sino cómo se vivía: qué temían las familias, qué necesitaban y qué soluciones consideraban realistas.

En conjunto, los datos contaron una historia poderosa: a medida que los bosques se recuperan, las especies presas aumentan y las poblaciones de depredadores se fortalecen. Esto es exactamente lo que esperamos en un ecosistema saludable. Pero también nos recuerda que, cuando la naturaleza se recupera, las prácticas humanas deben adaptarse con ella.

 

Resultados reales, esperanza real

Hoy, esa adaptación ya está en marcha.

En 21 fincas piloto ubicadas en zonas prioritarias, las familias han implementado medidas preventivas que hacen su ganado más seguro y sus fincas más resilientes. Más de 140 miembros de la comunidad han participado en talleres y espacios de diálogo sobre coexistencia, fortaleciendo el conocimiento local y la responsabilidad compartida. Los esfuerzos de mapeo han permitido identificar las áreas más sensibles, enfocando las soluciones donde más se necesitan.

El monitoreo también muestra señales alentadoras. Las cámaras trampa han registrado decenas de avistamientos de felinos nativos y cientos de especies presa, una evidencia clara de que la biodiversidad está regresando. Al mismo tiempo, las comunidades expresan cada vez más su compromiso de evitar la caza retaliatoria y optar por la prevención. Quizás lo más importante es que algo menos visible, pero profundamente significativo, está cambiando. Las familias están empezando a comprender que los depredadores no tienen por qué ser enemigos. Con las herramientas, el conocimiento y el apoyo adecuados, pueden seguir siendo parte de un sistema forestal saludable, mientras se protegen los medios de vida.

Ese cambio de perspectiva puede ser el resultado más poderoso de todos.

 

Restaurar también significa aprender a compartir el territorio

En Proyecto Tití solemos decir que la conservación no consiste solo en proteger la vida silvestre, sino también en apoyar a las personas que viven junto a ella.

A medida que nuestro programa de conservación continúa protegiendo bosques existentes, conectando fragmentos y restaurando hábitats, sabemos que veremos regresar a más especies. Eso es una señal de éxito. Y el éxito conlleva responsabilidad.

El regreso del puma nos recuerda que restaurar bosques no es solo plantar árboles: es reconstruir relaciones entre la naturaleza y las personas. Es crear paisajes donde la vida silvestre prospere y las comunidades se sientan seguras. Gracias a la tecnología, la creatividad y la dedicación de las familias campesinas, estamos demostrando que la coexistencia es posible. El futuro de los Montes de María puede ser uno en el que los bosques florezcan, el ganado esté protegido y los depredadores sigan siendo silvestres, exactamente donde deben estar.

Porque cuando los bosques regresan, la vida regresa. Y juntos, podemos asegurarnos de que ese regreso sea una historia de esperanza.