Una de las mayores satisfacciones de restaurar bosques es ver cómo la fauna silvestre regresa a lugares que antes estaban degradados y fragmentados. En la Reserva Los Titíes de San Juan hemos recibido una noticia que nos llena de esperanza: el equipo ha observado familias de tití cabeciblanco recorriendo las áreas restauradas y buscando alimento mientras cargan sus gemelos. Para el equipo de Proyecto Tití, estos encuentros tienen un significado muy especial. Los titíes cabeciblancos suelen tener gemelos una vez al año, y ver a estas crías crecer en bosques en recuperación confirma que nuestro trabajo de restauración está dando resultados.
Estas áreas comienzan a ofrecer alimento, refugio y condiciones seguras para los titíes. Muchas de estas observaciones ocurren cuando menos lo esperamos pues ocurren en medio de nuestro trabajo cotidiano. Por ejemplo, mientras el equipo trabaja en el vivero cuidando los árboles nativos, es común levantar la mirada y encontrar a los titíes moviéndose entre los árboles cercanos al arroyo. De hecho, en las últimas semanas, algunos grupos han pasado cerca del vivero y hemos visto a los adultos cargando a sus pequeñas crías mientras recorren el bosque en busca de alimento.
Esto nos recuerda por qué restaurar los bosques es tan importante
Hace algunos años, estas áreas estaban degradadas y los fragmentos de bosque permanecían aislados, lo que dificultaba el paso de la fauna entre un bosque y otro, aumentando así el riesgo para muchas especies. Hoy, después de varios años sembrando árboles nativos, recuperando y protegiendo áreas, y estableciendo corredores de hábitat, los titíes cabeciblancos vuelven a usar estos bosques como rutas de paso, zonas de alimentación y espacios seguros para el cuidado de sus crías. Para nuestro equipo, no hay mayor motivación que ver a los grupos de titíes beneficiarse directamente de este trabajo. Cada árbol plantado ayuda a recuperar un bosque que protege la biodiversidad, conserva las fuentes de agua y brinda nuevas oportunidades para la supervivencia del tití cabeciblanco en su hábitat natural. Y ahora, al ver estos pequeños gemelos aferrados a la espalda de sus padres, el bosque se siente más vivo que nunca.