Hace un par de años, en Proyecto Tití lanzamos una ambiciosa campaña para adquirir una propiedad que permitiría casi duplicar el tamaño de la Reserva Los Titíes de San Juan. Gracias a la generosidad de nuestros colaboradores, ese sueño se hizo realidad. Hoy nos alegra compartir que los procesos de restauración ya comenzaron oficialmente en esta nueva área protegida de la reserva.
Hoy nos alegra compartir que los procesos de restauración ya comenzaron oficialmente en esta nueva área protegida de la reserva. Con la llegada de las lluvias, iniciamos actividades de restauración en más de 38 hectáreas, sembrando alrededor de 8.000 plántulas de árboles nativos como parte de nuestra meta de plantar 21.000 árboles antes de finalizar mayo. Estos árboles ayudarán a reconectar los fragmentos de bosque dentro de la reserva y ofrecerán refugio y rutas seguras para el tití cabeciblanco y muchas otras especies de fauna silvestre. Sin embargo, restaurar bosques no se trata únicamente de sembrar árboles; también se trata de las personas que hacen posible este trabajo. Y pocas historias reflejan mejor el espíritu de este proceso que la de Salvador Vásquez. Todo comenzó en 2017, cuando Salvador se vinculó a los procesos de restauración de Proyecto Tití en la comunidad de Nuevo México, cerca de San Juan Nepomuceno, Colombia.
Como campesino y propietario de tierras, ha sido testigo de cómo el paisaje ha cambiado con los años, mientras los bosques desaparecían y el hábitat de la fauna silvestre se fragmentaba cada vez más. “Los titíes solían acercarse a mi casa en grupos de cinco o seis”, recuerda Salvador. “Uno se daba cuenta de que estaban buscando caminos seguros para moverse”. Por eso, cuando Proyecto Tití comenzó a trabajar con las comunidades para sembrar árboles nativos y reconectar los bosques, Salvador no dudó en participar: “Lo primero que pensé fue: si no hay árboles, tenemos que sembrar más para que los titíes siempre puedan moverse por el bosque”, cuenta.
Uno de los primeros árboles que sembró fue un carreto, una especie muy apreciada por la sombra que ofrece al crecer. Junto a él también plantó una ceiba, otra especie nativa fundamental para el ecosistema de bosque seco tropical. En ese momento, aquellas pequeñas plántulas parecían insignificantes. Hoy, casi una década después, esos árboles se levantan altos y fuertes, ofreciendo alimento, sombra y refugio no solo para los titíes cabeciblancos, sino también para aves, insectos y muchas otras especies que dependen de la salud de estos bosques. “Estos árboles son como puentes…Ayudan a que los titíes puedan desplazarse de forma segura de un lugar a otro”, explica Salvador.
Con el paso de los años, Salvador ha participado en las jornadas de siembra organizadas por Proyecto Tití. Gracias a las capacitaciones, aprendió a preparar el suelo, seleccionar plántulas sanas y cuidar los árboles jóvenes. Lo que comenzó como curiosidad pronto se convirtió en una verdadera pasión, que marcó a Salvador, destacando un momento que todavía recuerda con emoción: “Vi a una hembra de tití cargando dos bebés”, cuenta Salvador con una sonrisa, “Me impresionó muchísimo porque nunca antes los había visto tan cerca”. Para él, ver a los titíes usando los bosques restaurados fue la confirmación de que todo el esfuerzo había valido la pena.
Su finca, que antes permanecía aislada, hoy forma parte de una red de bosques conectados que protege la biodiversidad, conserva las fuentes de agua y ayuda a reducir los impactos de la sequía y el cambio climático. Es un ejemplo de cómo la restauración puede transformar los paisajes cuando las comunidades locales participan directamente en el proceso. Hoy, Salvador continúa inspirando a otras personas de su comunidad a sumarse a este esfuerzo: “Si no hay árboles, tenemos que sembrar más para que los titíes cabeciblancos siempre puedan moverse con seguridad por el bosque”, afirma. Su historia nos recuerda que la conservación se construye con árboles, familias y compromiso.
Y mientras la restauración sigue expandiéndose en las nuevas áreas protegidas de la Reserva Los Titíes de San Juan, líderes comunitarios como Salvador ayudan a asegurar un futuro en el que los titíes cabeciblancos y los bosques de los que dependen puedan seguir existiendo.