Una banda de marcha abre paso a un desfile de niños disfrazados de titíes, árboles y otros elementos del bosque, mientras las familias se reúnen para disfrutar de coloridas cometas hechas a mano y los estudiantes se animan a ponerse frente a las cámaras para compartir noticias y mensajes sobre conservación. Así se vivió durante todo agosto el Mes del Tití Cabeciblanco en Colombia, una celebración que transformó salones de clase, calles y espacios comunitarios en escenarios de aprendizaje, creatividad y diversión. Más de 12.000 estudiantes de 55 colegios y centros de educación para la primera infancia participaron en las actividades, a las que también se sumaron 22 nuevas comunidades. De la mano de docentes, familias y líderes locales, niños y jóvenes encontraron distintas formas de celebrar al tití cabeciblanco, conocer más sobre esta especie y motivar a sus comunidades a protegerla y a conservar los bosques que necesita para sobrevivir.
Llevando el mensaje a las calles… y al cielo
Una de las celebraciones más especiales fue un desfile acompañado por una banda de marcha comunitaria integrada por estudiantes de la escuela local. Durante cerca de tres kilómetros, los niños recorrieron las calles con sus disfraces y llevaron mensajes de conservación a las comunidades que encontraron a su paso. Entre los elementos que más llamaron la atención estuvieron las silletas, estructuras de madera que tradicionalmente se llevan en la espalda para exhibir arreglos florales. En esta ocasión, fueron transformadas para representar al tití cabeciblanco y su hogar en el bosque, convirtiéndose en una muestra itinerante que unió arte, tradición y conservación. Qué, junto con las máscaras, bailes y presentaciones completaron una jornada llena de creatividad y participación comunitaria.
En otras comunidades, las familias se sumaron a la celebración ayudando a los niños a elaborar cometas inspiradas en el tití cabeciblanco. La actividad permitió que las conversaciones sobre conservación que empiezan en las escuelas también lleguen a los hogares y culminen con un encuentro al aire libre, donde niños y familias se reunieron para ver volar sus creaciones. Además de llenar el cielo de color, las cometas se convirtieron en una forma sencilla y memorable de reforzar uno de los mensajes principales del Mes del Tití Cabeciblanco: los titíes cabeciblancos deben vivir libres y permanecer en su hábitat natural, el bosque.
Pequeñas voces, grandes ideas
Otros estudiantes encontraron en las redes sociales una forma diferente de sumarse a la celebración. Jóvenes de séptimo grado crearon Reels de Instagram sobre la conservación del tití cabeciblanco, una actividad que los llevó a investigar, organizar sus ideas y pensar en la mejor manera de comunicar un mensaje claro y atractivo para su audiencia. Uno de los videos ganadores alcanzó 2.354 reacciones, mostrando el alcance que pueden tener estas iniciativas cuando se conectan con herramientas cercanas a los jóvenes. Más allá de crear contenido para redes, el ejercicio les permitió profundizar en el tema y poner a prueba su capacidad para explicar, de manera sencilla y creativa, por qué es importante proteger al tití cabeciblanco y su hábitat.
Los estudiantes más pequeños produjeron “Noti Tití”, un noticiero escolar con personajes que explicaban las amenazas que enfrentan los titíes cabeciblancos y su hábitat. A través de historias y representaciones, los niños se convirtieron en comunicadores de la conservación, ayudando a sus compañeros a aprender mientras se divertían.
El espíritu de la comunidad lo hace posible
La creatividad también estuvo presente en la organización de las celebraciones. Las Tití Guardianas, el grupo de mujeres viveristas de Colosó, prepararon pasteles —una comida tradicional envuelta en hojas— para ayudar a financiar la celebración de su comunidad.
El desfile lleno de disfraces, música tradicional y mensajes de conservación, culminó con la creación de un mural dedicado al tití cabeciblanco, en un lugar emblemático de Colosó. Al ritmo de tambores y gaitas, y acompañados por las voces de los niños, el mensaje recorrió las calles y llegó a distintos rincones de la comunidad. Una función de títeres organizada por una escuela ofreció además una manera divertida y cercana de acercar a los más pequeños a la protección de la vida silvestre. Los emprendedores locales también quisieron sumarse y aportaron parte de sus propios recursos para ofrecer juegos, premios y refrigerios durante las actividades.
Algunos participaron junto a docentes y estudiantes en la elaboración de carteles con mensajes de conservación y en jornadas de siembra de árboles de ceiba. La celebración incluso encontró un espacio dentro de un festival local del maíz, integrando la protección del tití cabeciblanco a una tradición muy arraigada en la comunidad y demostrando que la conservación también puede formar parte de los encuentros y celebraciones cotidianas.
Un bosque de posibilidades creativas
En las escuelas participantes, la creatividad fue una de las principales protagonistas. Los estudiantes pintaron escenas del bosque, escribieron poemas e historias, presentaron obras de teatro, cantaron y bailaron, mientras que tapas de botellas plásticas y otros materiales reciclados se transformaron en imágenes, exhibiciones y disfraces. Los más pequeños decoraron máscaras y, con la ayuda de sus familias, se disfrazaron de titíes y árboles. En una de las escuelas, un salón de clase se convirtió incluso en un museo dedicado al tití cabeciblanco, donde se reunieron muchos de los trabajos realizados durante agosto.
Los propios estudiantes recibieron a otros cursos y se encargaron de explicar las exhibiciones, compartiendo no solo sus creaciones, sino también lo que habían aprendido durante el proceso. En otras comunidades, juegos, rompecabezas, modelos de hábitat y estaciones de aprendizaje invitaron a los niños a conocer mejor la biología del tití cabeciblanco y a descubrir distintas formas de contribuir a su protección. Detrás de cada una de estas actividades hubo docentes que planearon, estudiantes que ensayaron y familias que ayudaron a convertir las ideas en experiencias para compartir con otros. En conjunto, las celebraciones lograron transformar un mensaje importante de conservación en algo cercano, alegre y fácil de recordar. Ya fuera a través de un títere, un desfile, una canción o un video creado por los propios estudiantes, el mensaje estuvo siempre presente: los titíes cabeciblancos no son mascotas y su hogar es el bosque.
Al llevar este mensaje a las aulas, las calles, los hogares y las celebraciones locales, las comunidades ayudaron a que cada vez más personas pudieran comprenderlo, recordarlo y compartirlo. El Mes del Tití Cabeciblanco mostró que la conservación también puede vivirse desde la creatividad, la participación y la alegría de una comunidad que se une para proteger una especie que hace parte de su territorio.